Mercury Villager, un monovolumen un tanto especial

Villager 01

En mi primer artículo de “El árbol de los coches” quiero empezar pisando fuerte hablándoos de uno de los modelos de coches más anónimos que podemos encontrarnos en la historia del automóvil, y más aún en la historia del automóvil norteamericano, el Mercury Villager.

Cuando hablamos de Mercury, hablamos de una marca ya desaparecida, una marca que pasó a mejor vida, y que a fin de cuentas, poco da ya de que hablar en sí. No obstante este tipo de “elementos” son los que me gustan a mi, los que tienen su hueco en este blog, pues aunque hablemos de un automóvil que pasó bien desapercibido, hablamos de un automóvil con su propia historia.

Comencemos pues por su nacimiento, en el cuál lo primero que hay que destacar es que se trata del producto de una Joint Venture, (para los que no sepan lo que es, brevemente lo resumiré en que es un acuerdo comercial entre dos empresas, normalmente del mismo sector, para crear un producto o varios entre sí). El Mercury Villager fue en concreto, producto de una colaboración entre la Ford Motor Company y Nissan a finales de los ochenta.

Villager 02

El Villager se basaba en la primera generación del Nissan Quest, y al igual que éste, nacía para satisfacer una fuerte necesidad de monovolúmenes que estaba teniendo Estados Unidos a principios de los noventa, gracias a la fiebre provocada por el Dodge Caravan, uno de los grandes pionero en este segmento. Si bien Mercury estaba acostumbrada a tomar bases de Ford para sus modelos, “desde arriba” decidieron que con el Villager harían una excepción, y tomarían una base de Nissan. Este hecho no fue precisamente una casualidad, ya que en un principio, este modelo iba a ser lanzado por Ford, pero dado que el gigante norteamericano ya había iniciado el desarrollo del popular Windstar, fue el Mercury la que se acogería a éste acuerdo.

No obstante, el Villager tomaba ejemplo del resto de modelos de la marca Mercury, y a nivel estético, eran muy escasas las diferencias que presentaba con el modelo del que partía; en otras palabras, si juntabas un Nissan Quest y un Mercury Villager y los comparabas de perfil, muy difícilmente llegarías a encontrar siete diferencias. Al igual que en su interior, que también se dotaba de siete cómodas plazas.

Aún así el Villager “molaba”, era un monovolumen americano, aunque tomase como base uno japonés, y no cualquier japonés, pues técnicamente hablando, la prensa norteamericana posicionaba al Quest como uno de los mejores monovolúmenes del momento, gracias a una sobresaliente suspensión y a un equilibrado chasis. Por otro lado, en lo que a estética se refiere, a principio de su vida el Villager montaba una calandra transparente que le daba un aspecto vanguardista, y en su restyling de 1995, mejoró aún más adoptando una encantadora calandra de líneas suaves que reflejaban una imagen elegante, como acostumbraba un buen Mercury. Además en su catálogo se encontraban unos diseños de embellecedores y llantas que junto a su selecto conjunto de colores, conseguían que el Mercury Villager fuese un automóvil muy agradable de contemplar, así como una alternativa interesante frente a sus competidores. Cabe destacar la versión especial Náutica, Que se ofrecía en un atractivo azul marino combinado con un selecto blanco, con tonos de tapicerías muy llamativos.

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Pero, ¿Qué había bajo el capó del Villger? A su inicio de vida comercial, el Villager montó un motor V6 de 3 litros que funcionaba con gasolina, y que a pesar de tener que cargar con 1.730 kg, que es lo que pesaba el Villager, conseguía entregar 151 CV de Potencia con la ayuda también de una ¿cómoda? caja de cambios de cuatro velocidades. Éste motor era el VG30E de Nissan, que también se montó en automóviles tan simbólicos como el Nissan 300 ZX o el Infiniti M30 entre otros, aunque es importante señalar, que para montarlo en el Villager, Ford exigió a Nissan algunos cambios en este motor, entre los que se puede destacar la reubicación del filtro del aceite para tener un acceso más cómodo y simple a´l mismo.

Con ello puede quedar claro que tanto el Villager, como su gemelo, el Quest, eran productos que había que tener en consideración cuando a principios de los noventa, eras un “papá de familia” que necesitabas un monovolumen del que sentirte orgulloso cuando fueses a recoger a tus hijos del cole como para un buen viaje familiar, o una gran buena razón para jubilar “tu viejo Oldsmobile Vista Cruiser Wagon”. Y pongo este ejemplo, (que aún así es un gran automóvil del que ya hablaremos en otra ocasión), porque el Villager prácticamente no salió del mercado de Estados Unidos, de hecho, se fabricaba en Ohio.

Tampoco saldría al extranjero el “renovado” Villager, que llegaría a los concesionarios de Mercury en 1998; un no muy laborioso lavado de cara del que se encargó principalmente el ilustre Moray Callum, que se atribuye diseños tan señalados como el del Mazda CX-7 entre muchos otros. Y es que el Villager seguía siendo un Quest restyling, pero que adoptaba algunos matices de los nuevos modelos de Mercury, como la calandra cromada de líneas verticales, principalmente, que se ubicaba entre dos nuevas ópticas delanteras como las que estrenaba el renovado Nissan Quest.

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Su nueva imagen, junto un nuevo motor V6 de 3,3 litros y 180 CV de potencia, que sólo había elevado su peso en 59 kg, hacían que el Villager siguiese siendo una alternativa a tener en cuenta, pero su competencia se fortaleció mucho en ésta época, y tanto la nueva generación del Ford Windstar, como la del Dodge Caravan o la llegada de nuevos competidores como el Toyota Siena, hicieron que la oferta del Villager se viese muy eclipsada, y sus ventas por tanto, disminuyesen respecto al modelo anterior.

Así que después de cuatro años de vida, en 2002, el Villager se despedía del mundo, y finalizaba el acuerdo de Nissan con Ford, puesto que la firma norteamericana decidió que el sucesor del Villager fuese un modelo de origen Ford.

A día de hoy, el Villager no ha dejado de ser una alternativa a tener en cuenta, pero en el mercado de segundamano. Las últimas unidades rondan los 3.000 dólares, mientras que las primeras oscilan entre los 1.500 y los 2.000 dólares. Para los más aficionados de Mercury, está claro que el Villager no es uno de sus modelos favoritos, de hecho, como bien decía al principio, podemos decir claramente que el Villager no es un modelo que destaque precisamente en la historia del automóvil. Igualmente, es una rama muy simbólica de la historia del árbol de Mercury, ya que siempre será el primer monovolumen de la marca.

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Por Juan Glez Hr.

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