Cuando tuve un Puma

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De nuevo os voy a hablar de un automóvil descatalogado hace años, pero no del modelo y de su historia en general, sino de una unidad en particular con su propia historia personal, que en este caso en concreto, él también formó parte de la mía.

Como es de esperar, el título y la foto hablan por sí solas, no es que haya sido como Mike Tyson, que llegó a tener tigres en su casa ni mucho menos, sino que como claramente se puede deducir, fui el propietario de todo un Ford Puma.

“Cuando el Puma llegó a mi vida”…. podría ser un buen título para este artículo, pero no ha sido el caso porque el Puma no llegó a mi vida de la forma más romántica y encantadora posible, sino que llegó por necesidad. ¿Por necesidad?, ¿un coche como éste? Admito que el Puma no es el típico coche que compras para el día a día, o al menos, no es más apropiado, en especial el 1.7 de válvula variable, que fue el que tuve, aunque puede servir de coche habitual sino haces demasiados kilómetros y si tu unidad familiar no excede de dos personas.

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La cuestión en sí es que acabé comprando un Puma porque como todo buen aficionado al motor, tenía de la necesidad de tener un coche capricho, por muy antiguo y conflictivo que fuese, pero que entrase dentro de unos parámetros como son el precio, la potencia o el encanto. Y la oportunidad llegó en un momento de necesidad, en un momento en el que mis dos coches se estropearon. Mis dos Ford Fiesta se estropearon por causas diferentes, y a pesar de estar furioso y de tener una decepción titánica, decidí lanzarme a por otro modelo de Ford que a fin de cuentas, derivaba del chasis de un Ford Fiesta, irónico ¿verdad?

De hecho, es importante señalar, que como muchos y muchas ya sabréis, el salpicadero del Puma es el mismo que el del Ford Fiesta de la misma época, pero el Puma en sí, era un coche muy distinto. Su diseño exterior luce unas curvas atrevidas que dibujan una silueta equilibrada y sumamente deportiva. A mí personalmente me encantaba su estética, y era un coche que cuando miraba, sonreía orgulloso de tenerlo.

Para poder comprar una unidad del Puma, hice una exhaustiva búsqueda por internet con mucho celeridad, pues necesitaba un coche pronto, (menos mal que mientras tanto mi madre me dejó el suyo). Mi búsqueda comenzó centrándose en las unidades con la motorización 1.4 (90 CV) y 1.6 (103 CV), puesto que el 1.7 (125 CV) me hizo pensar que tendría un consumo alto. Pero comentando el tema con un amigo que había tenido uno, éste me insistió en que me olvidase de esas motorizaciones y que centrase mi punto de vista únicamente en el 1.7 (125 CV), que a fin de cuentas, presentaba un consumo muy similar al de las otras motorizaciones, y al mismo tiempo, unas prestaciones muy superiores.

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Así pues, me fui de “perdidos al río” y le hice caso, con la suerte de encontrar una unidad a 270 kms de mí que montaba este maravilloso motor que Ford desarrolló en colaboración con Yamaha. Conté con la ayuda de unos conocidos que vivían cerca y pudieron ir a ver el Puma en cuestión, y aunque no lo llegaron a probar, me aseguraron de que se encontraba en muy buenas condiciones. En ese momento tomé una decisión que sinceramente, no recomiendo que nadie tome; llamé al propietario del coche y le dije que en tres días iría para traérmelo. Digo esto porque recomiendo que antes de tomar la decisión, lo ideal es probar el coche y asegurarse de algunas cosas.

Cierto es también que tampoco me arriesgué tanto, puesto que me aseguré de que el coche no tenía cargas, algo indispensable de mirar antes de adquirir un vehículo, pero eso sí, no analicé su estado mecánico. Aún así me lancé porque me cuadraba, era una unidad de los primeros facelift (primeros en montar el cuenta kilómetros digital y llevar apretura de maletero en la llave entre otras cosas), y es que cabe señalar que el Puma para su época era un coche muy equipado, algo que no hay que extrañar teniendo en cuenta cuál era su precio (casi 20.000 €).

Una vez hecha la compra y terminado el papeleo, me monté en él, y comencé el camino de vuelta a casa. Poco a poco fui interactuando con él, sin prisa pero sin pausa, cuanto más lo conducía más me iba gustando, el sonido de su motor, el exótico puesto de conducción (admito que era un coche no apto para claustrofóbicos), su agilidad y aunque a muchos y a muchas os sorprenda, su comodidad.

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Fue un coche que me enamoró en cuestión de horas, un coche que me recordó que a pesar de los años y del uso (tenía 16 años y 180.000 kms), podía transmitir mucho y seguir dando guerra durante muchos años. Pero a pesar de ser el coche que he tenido que más me ha fascinado, y que en un principio decidiese no venderlo y consérvalo, las circunstancias que tenía en ese momento me empujaron a tener que deshacerme de él. Necesitaba un coche más grande, y  por entonces no podía tener dos coches, pues aunque podía guardarlo y dejarlo parado, no era el destino que quería para él. Así que tomé la decisión de ponerlo a la venta, y en poco más de una semana, se vendió.

Tuve la suerte de que vino a por él un mecánico que lo compró con mucha ilusión y que tenía grandes planes para él. Quería pintarlo, ponerlo a punto y tratarlo con cariño. Parece ser que así fue, pues la última vez que hablé con él me aseguró que estaba muy contento con el coche tanto él como su pareja.

Lo más sorprendente de todo, es que disfruté del Puma un mes y escasas dos semanas, que fueron suficientes para que le pudiese hacer casi cinco mil kilómetros con él. Cumplió la función de servirme como utilitario mientras arreglaba mis otros dos coches, y también, consiguió hacerme disfrutar mucho al volante, además de crearme unos recuerdos muy agradables. Yo personalmente, lo recuerdo como un bonito amor de verano, de esos que se acaban y no vuelven porque sabes que vuestros caminos son muy distintos.

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Y aquí finalizo el resumen de la pequeña historia del que fue mi Ford Puma. Admito que a pesar del corto tiempo que lo tuve, hay más que contar sobre él, pero al verdad es que si lo pongo todo nadie va a querer leérselo entero, y no exagero. Pero si os digo la verdad, con ésta breve historia, me gustaría invitaros a aquellos y aquellas que dudáis en tener un “coche capricho”, que os lancéis a por él si tenéis la oportunidad y las circunstancias lo permiten.

Así mismo, me gustaría resaltar con esta historia, que cada coche tiene su potencial, y que muchas veces nos podemos llevar muy gratas sorpresas, os lo digo porque mucha gente dudaba de que un Puma pudiese dar tanto de sí, y la verdad es que es muy raro encontrar un propietario o antiguo propietario de un Puma que no pueda hablar bien de este modelo con cualquiera de sus motorizaciones.

Como nota final, me gustaría señalar que si tenéis una historia de alguno de vuestros coches que queráis que aparezca en este blog, no dudéis en hacérmelo saber, pues para mí será todo un placer hacerle “un hueco”.

Juan Glez Hr

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