Saab y sus locuras

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Hoy quiero hablaros de Saab, esa icónica marca sueca de culto, desaparecida ya del mercado desde hace poco más de tres años. Lo cierto es que no sabía muy bien como titular el encabezamiento de estas palabras sobre el mítico fabricante de automóviles (y también de aviones), aunque creo que con este título tampoco me alejo mucho del reflejo que ha proyectado esta marca a lo largo de sus años de vida.

¿Pero por qué?, ¿por qué voy a hablaros hoy de Saab?, pues porque hoy quiero sacar mi lado “tertuliano” del motor para daros mi pequeño punto de vista sobre una marca que en los últimos meses, he tenido la oportunidad de conocer un poco más de cerca.

Vamos a empezar primero resumiendo muy brevemente lo bueno de esta marca, el legado de Saab, su imagen, sus motores turbo gasolina, su diseño personal y radiante de carisma, el 900 (ese gran automóvil), y un largo etcétera.

Dicho esto, vamos a la otra cara de Saab, empezando por su historia; hablamos de una marca cuyos inicios rebosaban ilusión, que evolucionó ofreciendo avances tecnológicos y victorias en los rallyes, una marca que nació con una esencia que poco a poco se fue desvaneciendo.

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Y es aquí donde entra el dinero, ese factor crucial en cada fabricante de automóviles, y a fin de cuentas en la vida de gran parte de los mortales. Verdaderamente la escasez de fondos en Saab es un problema que acecha a la marca durante gran parte de su vida, pero cuando empieza a notarse de verdad es en el lanzamiento del que quizás sea su modelo más emblemático, el 900, ese gran automóvil…

Un diseño que enamora, una gama de motores que destacó en su época, un clásico que no puede faltar en una buena colección o concentración, y sobre todo, el Saab más icónico. Pero, ¿qué tenía de malo el Saab 900?, pues una sola palabra es capaz de decirlo, su batalla. Lo cierto es que a pesar de presumir de un diseño majestuoso a la vez que deportivo, el 900, contaba con una distancia entre ejes un tanto corta para su longitud, lo cuál es un detalle que cuando lo miras detenidamente, impacta bastante.

La base de este problema no fue precisamente un capricho del fabricante sueco, sino que se debe a que por falta de fondos, el 900 tuvo que tomar su base de su gran antecesor, el 99, y es este sin duda alguna, (para mi parecer), el primer signo de falta de fondos del fabricante, y por tanto, el primer problema de muchos otros que le depararía el futuro.

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A pesar de este detalle, el 900 consiguió ser un modelo que marcó la historia del automóvil, e incluso también llegaron a hacerlo modelos como el 9000, o el 9-5 entre otros, pero de nuevo veíamos reflejados en ellos problemas que se debían a la falta de fondos del fabricante.

El Saab 9000 adoptó la plataforma del Lancia Thema, y los dos grandes Saab de los noventa, el joven 9-3 y el novedoso 9-5, compartían la plataforma del Opel Vectra, lo que se traduce que un modelo de segmento D y de segmento E compartían la misma plataforma (Lo sé, señores y señoras, esto no es precisamente algo nuevo en la industria del automóvil).

Evidentemente esto no era culpa de Saab por completo, el fabricante sueco hacía lo que podía por sobrevivir, y de hecho a pesar de todos estos detalles que por supuesto se ven en otras muchas otras marcas, los modelos de Saab han conseguido destacar en sus lanzamientos.

Aún así, todas estas palabras emergen de un mal sabor de boca tras tener contacto con modelos de una marca que adoraba desde mi niñez, y que he comprobado que envejece peor de lo que esperaba, en especial, desde que comienza su relación con General Motors.

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Siempre me gustó el 9-5, más incluso que el 9-3, sobretodo en su versión familiar, pero cuando hace poco necesitaba un segundo coche, decidí centrarme en la compra de un 9-3 de las últimas unidades de la primera generación, que portaba el que quizás sea uno de los motores más queridos de la marca, el 2.0 turbo gasolina.

Conseguí encontrar una unidad a muy buen precio con un equipamiento excepcional; techo solar, cuero, control de crucero, climatizador y llantas de aleación entre otras cosas. En particular, una unidad bien cuidada, dos propietarios, revisiones al día, poco más de doscientos mil kilómetros, en general tenía buena pinta.

No obstante el día que fui a probarlo mi ilusión se iba apagando poco a poco. Un motor ruidoso, un interior mal encajado, y sobretodo, una sensación de baja calidad en general. Me sentía como en un Opel, pero ¿a caso no lo es? (No quiero decir que todos los Opel tengan mala calidad, no me malinterpretéis)

Poco después de esta experiencia, pude probar otro 9-3, en este caso la segunda generación con ese tan popular, pero desdichado motor diésel de origen Fiat de 150 CV. Otra unidad con poco más de doscientos mil kilómetros (sé que no hablamos de coches precisamente sacados del concesionario, pero para muchos modelos estos kilómetros no hacen tanta mella). Interiores tan crujientes como una barrita de cereales, materiales que se han desgastado con más facilidad de lo normal y en general un empaque que no transmitía lo que debería de trasmitir una marca de esta clase.

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Oye ¡espera!, ¿de ésta clase? Así es querido público, cuando la marca sueca tenía concesionarios, no te vendían un coche como si fuera una marca generalista, sino como una marca “premium”. No puedo negar que todas las marcas de alta gama o de categoría premium tengan algunos modelos que envejezcan mejores que otros, y que Saab sea un insulto en todos sus modelos, ni mucho menos, simplemente, que por el precio que tenían cuando eran nuevos, habría esperado que envejecieran mejor, como otros modelos de otras marcas con precios muy similares que si lo hacen con cierta facilidad.

Por eso, reitero en que esto no es una crítica profunda sobre Saab, sino más bien un “esperaba más”. Y es que a fin de cuentas, como bien he dicho arriba es una marca que con muy poco, ha conseguido hacer mucho. A día de hoy, podemos seguir viendo muchos modelos de la marca circulando por las calles, y muchos de ellos con un kilometraje incluso bastante más elevado de los que tenían las unidades que yo he probado recientemente.

Detrás de Saab hay mucho más de lo que se ve a simple vista, y aunque es una marca que si indagamos un poco más podemos sacar muchos trapos sucios en cuestión de mecánica y materiales, también es una marca que como he dicho más arriba, ha conseguido varios hitos a lo largo de la historia, y todo eso se debe gracias a un equipo de personas que siempre trabajaron con ilusión y que hasta el último momento lucharon por una marca que consiguió hacerse un hueco en sus corazones. Esto que acabo de escribir es muy importante, ya que no todos los fabricantes consiguen crear una afición como la que tiene Saab, o en general un legado, que aún permanece.

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Concluyo con el recuerdo agridulce de los últimos meses de la marca, con el señor Victor Muller haciendo lo imposible por salvarla y a los aficionados de la misma haciendo un llamamiento para que no desapareciese este gran fabricante que a pesar de tantas dificultades, consiguió hacer historia, y del que estoy seguro que si las cosas hubiesen salido de otra forma, a día de hoy, continuaría haciéndola.

De nuevo, gracias por leer, y si no es ninguna molestia, ¿por qué no os animáis a contar vuestras experiencias con Saab?

 

 

 

 

 

 

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